
Tras la derrota del Real Zaragoza frente al Betis se esfuman las mínimas opciones del equipo a la permanencia tras la victoria en Cornellá. Desesperación e impotencia en La Romareda y sobretodo incluso indiferencia. Y es que la aficción zaragocista no aguanta más. Una aficción zaragocista que a pesar del día y horario del partido, el frío y otros condicionantes decidió ir a apoyar a su equipo el pasado lunes. Sin embargo y tras el 0-2 comenzó el desfile de aficcionados por las puertas del municipal llegando a convertir a La Romareda en un triste escenario dónde apenas quedaban aficcionados en los minutos finales. Y es que tal es el punto de la situación del conjunto maño que la mayoría de aficcionados firman el más escandaloso desastre en estos momentos. Diciendo esto realmente miento. Lo que firma la parroquia maña es el mayor desastre con permiso del mayor mal de la entidad que es ese sí el rey de todas las desgracias que le están ocurriendo al equipo aragonés en los últimos años. Algunos están dispuestos no sólo a descender si no que además estarían dispuestos a aceptar que el club desaparezca y empezar nuevamente de cero siempre y cuándo Agapito Iglesias abandone la nave blanquilla. Todo esto se debe a que realmente hemos llegado un punto en el que parece que la desgracia de desaparece acecha las entrañas de La Romareda y que sólo la desaparición de Agapito del entorno del Real Zaragoza podría ser una solución para no ver como casi 80 años de historia se diluyen y agonizan día a día en la capital del Ebro. Deportivamente no queda otra que seguir luchando y morir dignamente en una categoría que pase lo que pase siempre será aquella en la que siempre debería estar el Real Zaragoza. Agapito vete ya.
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